Variaciones sobre el jardín japonés es una de esas exposiciones que no deja indiferente a nadie. Un conjunto de obras de autores diversos, desde la estampa japonesa del siglo XIX hasta la pintura mural manga realizada in situ por un joven autor español, e.c. Iwana, componen la muestra que tiene el punto de partida en el jardín zen de Ryoan-ji en Kyoto y que según la comisaria Alicia Chillida, “imita la esencia interna de la naturaleza”.
 
La muestra, es una coedición entre La Casa Encendida y el Patronato de la Alhambra y Generalife, que se puede ver en la cripta del Palacio de Carlos V e inscribe en su recorrido una vista del Patio de Arrayanes hasta el 15 de enero del 2015.
 
El catálogo ha sido realizado por TF Artes Gráficas. Impreso a 5 colores en un papel Munken de alto volumen 2.0.
 
Esta exposición es una invitación a caminar en torno al vacío. Tiene su origen en la contemplación del jardín zen de Ryōan-ji, en Kyoto, un jardín seco del siglo XV, karesansui, al que se accede sólo con la mirada.
 
Variaciones sobre el jardín japonés adopta un término musical para presentar una composición libre, un diálogo entre autores de épocas, culturas y disciplinas muy diferentes, a partir de la figura de Mirei Shigemori (1896-1975). Creador de jardines, pintor, maestro de té e ikebana, Shigemori ejemplifica la conquista artística de su tiempo, que busca transcender las ideas tópicas de estatismo oriental y dinamismo occidental.
 
En los años sesenta Shigemori se impregna del arte, la filosofía y las religiones europeas para renovar el jardín japonés. Defensor del concepto de “lo eterno moderno”, su pensamiento se alinea con el de los “modernos primitivos”, que buscan la energía esencial en la historia japonesa (período Jomōn c.10.000 a.c y Yayoi c.300 d.c. ) La estética de lo “moderno primitivo” fue concebida por el poeta Shūzō Takiguchi y articulada posteriormente por otros intelectuales, poetas y arquitectos como Kenzō Tange.
 
El proyecto intenta corresponder al gesto de Mirei Shigemori en su voluntad de aunar las voces de Oriente y Occidente, partiendo de la cualidad espacio-temporal del jardín japonés. Para Shigemori la noción de micro-macro cosmos refleja la coexistencia del jardín y del observador como obra de arte única e indisoluble y señala la función artística del jardín-espejo como lugar de contemplación y autoconocimiento.



Panorama del lago Shinobazu desde el templo Kiyomizu, en Ueno, 1894. Museo del Prado


Promethea, 2014, e.c.Iwana. Foto: Rocío Areán